sábado 2 de mayo de 2009

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COMPLEJO DEL EXCESO

Reescritura de La resistencia de Julián Herbert


Mi cuerpo se inclina al escribir
con tantas palabras en el inconsciente.

Hola lengua; hola
mano. Yo veo
su descomposición
en las letras de mi nombre.
Más allá de esos escombros yacen
unos borrachos en calzoncillos
con el deseo de ser dioses
cuando el espíritu es del tamaño
de esta habitación.

Tuve huellas y líneas del destino
en mi espalda
-secreciones, carroña-
y gotas de luz en mi boca.
Un hombre me preguntó
por el veneno verbal
y examinaba el movimiento de mi corazón
como tocado por un ángel de la guerra.
Yo me dejaba lamer. Era mi lugar.
No me resistía
porque esa es la vocación
cuando uno es un muchacho
arruinando el paisaje.

Yo, como él,
muchas veces soñé estar hecho de ceniza,
parado junto a la carretera
pidiendo un aventón
como si fuera un trocito de Dios,
pero el día es cruel
aunque depende su duración
de la forma en que el fuego convierte el hielo
en una noche que no puede cerrar sus ojos.

Amanecerá y estaré muerto
por el festín o la circunstancia
confundiendo palabras y volando en círculos
alrededor de una R, una patria distinta,
después de matar a mis padres.
Escribir es profanar. El cuerpo
es mi única posesión
y todo lo que aquí puedo tocar
resulta ajeno,
pues lo propio y la palabra propio
se han extraviado
en el bosque de la representación.




LA CASA MUERTA DE LA MUERTE

Reescritura de Todas estas puertas de Amaranta Caballero


Escribir: agudo pasaje junto al precipicio de la página en blanco. Color que encierra un secreto. Sus venganzas. Calaveras y huesos. Pequeño desierto. No hay palabras: R.

Y cómo decir entonces que la mano es una nube sobre este paisaje.
Era un eclipse:
Parte de un cuerpo que deja ver la oscuridad,
el alma ennegrecida por el sol.

¿Recuerdas el blanco de esos libros?
Vamos. No digas que no lo sabes.

Yo: sabía
Tú: sabías
Ellos: no sabían.

El jardín estaba lleno de palabras, pero el paisaje era plano, austero.
El único relieve era la luz.
Y había una casa. El primer síntoma para hablar en plural.
Una casa de papel donde estaba escrita mi vida. No hagas caso. Las palabras son sólo palabras. Duelen.

¿Eres tú quién no habla?
Me dijeron que no hablas
¿No hablas?

Los libros: un pasado: polvo.
Una escalera sobre el tiempo.
Amaneceres de objetos.
Amaneceres de objetos, flores y plantas.

Comencé a ver todo como si estuviera vacío. Entre mis ojos y el resto de ojos sólo sangre. Esa palabra. Y ese color de mis huesos: blanco. Nada más permanece. Y yo: palabra.

La casa en deconstrucción es olvido.
Desde el aire intuyes esa necesidad:
recuerdas.

¿A qué venías?
En esta casa, en este cuarto, en esta página en blanco recorres tu vida. Existe un voyeur dentro de uno.
No voy a escribir aquí lo que tú quieres leer.
Delimitar: el borde de caminar, la otra mitad.
Abrir los ojos: el mar está esperando.

Esta casa es esa palabra. Esta casa es ese océano. Esta habitación es esa página. Esta puerta son todas las ventanas por donde quise salir a volar, sí.

Me corté sobre el paisaje. La sangre era agua.
Me sumerjo en un viaje no sé hacia donde.
Me observo la casa naufragada.

: cerrar la puerta : no pertenecer : desaparición.

1 comentarios:

ángel dijo...

Interesante trabajo de una joven poeta que crececomo autora. Gracias por publicarlo.



Saludos...