Travieso, mi niño, mi negrito inquieto, arrullo trasnochado de mis sueños, florecita de mi banqueta despeltrada de tanto clavarle el diente, mi ventanita rota, cristal madrugador guardián de mis deseos, Bernabé Travieso papito mío, mis lágrimas desaguan mi dolor en esta aguita de rimel que tiñe mi vestido y el papel, Bernabé Travieso, Travieso mío, entiendo que no debí dejarte plantado en aquel cuarto secreto, ni debí dejarte esperando mi retorno en aquel catre de tijera, cama humedecida de nuestro vértigo, no me vayás a odiar tanto mi muñecote lindo, no me odiés por alejarte mi enfermedad de palidez y de sarcoma, la muerte que recién ahora recita en mi nuca tu nombre, como cuando me soplabas vos para empujarme tus palabras lindas, pero qué iba a hacer yo, decime, yo que renuncié en silencio a mis secretos, no me odiés corazón por llevarme en las entrañas ese animal extraño que me hace flaca y chiquita, ¡vos tenés que reproducirte!, porque la gente linda como vos tiene bebes hermosos y rosados para felicidad de la prisión de mis flores marchitas. Yo también me puse en una chiche tu nombre Travieso, con un clavo hice un cruz en el suelo, besé la tierra para que te acompañara más allá de mis manos y luego me marqué, me marqué con vos eternamente, sobre mis restos que se me caen como pintura vieja, me descascaro mi amor, me quiebro, quizás volviendo de nuevo al polvo los pedazos de mí acaricien de nuevo tu máscara enmudecida y tu recuerdo.
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1 comentarios:
¡Hermosísimo y lleno de emotividad!
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