UN NIÑO INDIO
Reescritura de Chicos Índigo de Alejandro Méndez (Argentina)
Elegí esta ciudad
abandonada
con millones de silencios.
Esos gritos,
blancas golosinas brillantes
ajenas a mi historia,
acortan la distancia al futuro.
Desde donde viene un niño
imbricado en el aliento
de los sueños,
los sueños del mundo.
Palpa la espesura de estas palabras
que bastarán
para un mapa de la ciudad
en estado alfa.
Cierro los ojos y el espejo se da vuelta
allí veo diamantes y meteoros
que flotan en el espacio
como si este fuera el libro más brillante
sincronizado con el corazón
listo para desnudarse.
Vi una estrella que venía hacia mí
era el niño de los sueños otra vez,
tenía trece años e imaginaba tener casi treinta.
Estoy tirado en la cama escribiendo
y tengo un libro a mi lado. Uso bigote.
La ciudad está en caos y miro un lugar
no lejos del horizonte.
Esa era su visión,
yo hice un chiste
pero el sueño ya comenzaba
a desvanecerse.
Estoy lejos de casa
una
y otra vez
sonriendo sin ganas
recordando el vaso de cerveza de anoche
y el niño que fui
ese día que los chinos
inventaron las mariposas
que salíamos a cazar con mamá.
Un día le dije a ella que
nunca me dejara solo,
yo también se lo prometí
fue el final de un frágil milagro
y el comienzo de un eterno destierro.
EL CUADRO DEL OLVIDO
Reescritura de El círculo de la memoria de Lucía Estrada (Colombia)
Qué secreto
debo olvidar
en el poema.
Aquello que
no ha sido mío,
la mano derecha
la mano izquierda,
cada calle, cada cuerpo.
Por eso reinvento fragmentos,
estrofas, territorios de lenguaje
incrustados en mi propia historia.
Antigua y futura
la vida tras un hombre
que ha muerto
y de quien sólo
queda su porvenir.
Buscar es inútil
entre las rocas o el mar
lenta crece la flor
y rompe el paisaje
esa oscuridad que ha de abrirse
para dar paso a la escritura.
Un silencio seco, una música lejana
una lengua en extinción.
Seré pájaro, mitad sinfonía
mitad asombro y todo aire
en la belleza de alejarse
a través de un espejo roto
por agujas de un mismo árbol.
Cada quien tomó su camino
el crimen y la enfermedad
y antes que todo termine
cerraré el libro y con él
la pesadilla.
Imaginaré una cárcel
convertida en piedra
devorada por las hormigas
para preguntar entonces
con una boca que no es mía
¿qué de mí quedó
a parte de huesos?
2 comentarios:
Nuevamente gracias por este hermoso regalo.
Espléndido.
Un gusto descubrir tu espacio.
Saludos...
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