SON RUINAS
Reescritura de Solares de mi amigo
Fabricio Estrada (Honduras, 1974)
Fabricio Estrada (Honduras, 1974)
Fuimos llamados a ser una mano del sol
ahí donde las piedras se disfrazan de catedral
hasta oscurecer la luz de la época,
las ráfagas de humo vuelven
con la fiebre y los planetas
alineados a medio camino del mar.
El país a nuestra espalda
regresa a sus sueños de piedra
que de nada sirven pues allí
se presiente la sombra para iniciar
su propio derrumbe
y luego comienza todo:
las muchedumbres en las plazas
como palabras abiertas
contra los buitres que convierten todo
en no más que jaulas hechas con carroña.
Todo oscurece.
Un escalofrío me obliga a encender
las luces de las noticias
mientras que a capa y espada
contra las máscaras muecas
sostenemos en pie los hoyos del cielo
para sorprender a Dios.
Los coreógrafos de la muerte
llevan anzuelos en la barba
y ensayan día a día
noche a noche
sedientos de los aplausos
y los crujidos de huesos.
Uno quisiera, por lo menos,
que tuvieran la decencia de entender
que la noche es un artículo de primera necesidad,
más aun cuando las ruinas
se apoderan de la historia que se va escribiendo
y que tal vez termine siendo un punto final
en alguna lápida abandonada.
BOMBARDEO DE LENGUAS
Reescritura de Parloteo de sombra de mi amiga
Damaris Calderón (Cuba, 1967)
Reescritura de Parloteo de sombra de mi amiga
Damaris Calderón (Cuba, 1967)
Con qué nombre
llamaremos a una lengua
que me negó
en la sombra cómplice
de esta boca,
pequeña
miserable.
Se mueve de derecha a izquierda
a tropezones
como si estuviera
en un pueblo sórdido
q u e b r á n d o s e
en un panal de muertos.
Una ciudad atravesó esta lengua
la vi perderse,
rastrillaba sus palabras
en una esquina
pisoteada por el estiércol
de un caballo falso.
He intentado vivir sin ella
y con maletas
para amputar lo que sea necesario
como si fuera una franja desértica
en un país
idéntico a una calavera emplumada
picoteada y deforme
por el polvo y la sal.
Territorio y lengua
poseen un espíritu
que acumula sonidos,
durante la noche,
apostados
como un manojo de horas.
Yo, habitante
de las aguas del tiempo
escuché a las relucientes máquinas
del futuro,
bárbaras y monopólicas,
extenderse dentro de las bocas
de la humanidad
recuperando
lo que nunca fue de ellas.
